En el año 2002, los estudios genéticos individualizaron 72 ejemplares de Oso pardo en la población occidental, estimándose una media de 107 individuos. En 2004 se conocían 11 hembras con crías para la población occidental y apenas 2 para la oriental, según los cálculos la población total correspondería a nº hembras con crías x10, por lo que se hablaría de 110 ejemplares para la zona occidental y aproximadamente 20 para la población oriental.
Hace veinte años, en 1989, tan sólo se contabilizaron 4 hembras con crías en la población occidental y 2 en la oriental. La recuperación de la especie parece palpable.
El Fapas ha desarrollado a lo largo de los últimos años una importante labor a favor de la conservación del oso pardo en las montañas cantábricas, ¿puedes explicarnos los inicios de esta actividad en defensa del oso?
Monchu Magadán: Todo comenzó en 1985 cuando Alfonso, mi “maestro”, se fue a vivir a Somiedo para trabajar a tiempo completo en beneficio de la especie. Se dedicó a asesorar a la guardería en el peritaje de daños y a realizar campañas de educación ambiental en zonas oseras. El FAPAS, además de conseguir de la Administración el pronto pago de daños, se comprometió a pagar con el dinero de los colaboradores una prima del 20 % como compensación por las molestias ocasionadas. Estas actuaciones, junto con una gran presión sobre el furtivismo en colaboración con la Guardia Civil, empezaron a cambiar la percepción social del oso como un animal dañino a exterminar.
A partir de ahí, la situación de la especie mejora lentamente hasta el día de hoy, en el que se ha convertido en uno de los símbolos de la región.
Háblanos un poco de la biología del oso pardo, ¿es una especie territorial?, ¿cómo puede ser de grande su territorio?, ¿son territorios compartidos con hijos o hijas?, ¿los adolescentes realizan desplazamientos dispersivos importantes? ¿Cual sería la capacidad de carga en Asturias en cuanto a población de oso pardo?
Monchu Magadán: El oso pardo es en esencia un animal solitario pero es frecuente encontrar a varios ejemplares moviéndose en la misma zona. Cuando esto ocurre aumentan los indicios propios del marcaje de territorio aunque no suelen producirse disputas.
Las hembras, por la limitación que supone la cría de los oseznos, se mueven en un territorio pequeño que pueden ampliar ante la escasez de alimento o alguna molestia humana. Incluso, una vez independizadas, las oseznas, con un claro comportamiento filopátrico, se quedarán en el entorno de sus madres, una de las causas de que la dispersión de la especie sea tan lenta. En cambio, los machos se desplazan en zonas mucho más amplias. Como ejemplo, el análisis genético nos hizo saber que un ejemplar que se movía en un valle de Proaza estaba un mes más tarde en la divisoria entre Somiedo y Cangas del Narcea. Otro ejemplo, esta vez dramático, es el del oso atropellado en la A-6 en octubre del año pasado, en una zona alejada del área normal de distribución de la especie.
Es difícil saber cual sería la capacidad de carga de la población en Asturias. Habría que hablar de un territorio mucho más amplio que incluiría la cordillera en conjunto y zonas más al sur (Orense, Zamora, Burgos…) Lo que está claro es que estamos aún muy lejos de tener que plantearnos si “sobran” osos. 
Actualmente son varias las acciones que el Fapas desarrolla en beneficio de la especie, por ejemplo, la campaña Colmenas para los Osos, ¿en qué consiste esta acción?. Este proyecto surge tras observar un gran descenso en el número de colmenares, ¿a qué se debe fundamentalmente la desaparición de las abejas? ¿En qué momento se nota el descenso de la polinización?
Monchu Magadán: Antes de nada decirte que, aunque el nombre de la campaña pueda llamar a engaño, no se trata de colocar colmenas para que el oso se zampe la miel. Lo que pretendemos es favorecer la polinización en las amplias zonas de la cordillera que se han quedado sin abejas. La abeja silvestre ha desaparecido prácticamente infectada por la varroa y la loque. A la vez, la doméstica se concentra en colmenares situados en las zonas bajas
cerca de las poblaciones, de fácil acceso, quedando las cabeceras de los valles sin el principal agente polinizador. La consecuencia directa es el descenso paulatino en la producción de frutos (arándano, roble, castaño, haya, cerezo, pudio, mostajo…) en estas zonas, algo que llevamos constatando desde 1995. Por tanto, no es exagerado decir que el oso y el urogallo dependen de que estos pequeños insectos sigan trabajando.
Este programa se desarrolla en múltiples actividades: creación de estaciones de polinización en zonas críticas, promoción de la apicultura tradicional con reparto gratuito de colmenas, protección de colmenares para evitar daños de oso, cooperación con asociaciones de apicultores, exposiciones divulgativas, estudio científico sobre el efecto de la abeja en los niveles de polinización, edición de un manual de apicultura…
Además, desde hace unos años se viene desarrollando un interesante proyecto de reforestación con el lema Frutos para el Oso, en el que se pone de relieve la importancia de los frutales en la alimentación de los osos y otras especies y que además permite recuperar parte de los usos tradicionales del monte asturiano, actualmente muy abandonado. Parte de este proyecto se desarrolla a través de convenios con los propietarios de las fincas, que es una forma de involucrar a la sociedad en el mantenimiento de la especie y del monte. ¿En qué consisten estos acuerdos y cómo se seleccionan las fincas?
¿Qué especies frutales se plantan?
Monchu Magadán: Buscamos siempre fincas particulares que estén dentro del área de distribución osera y que hayan sido prados o tierras de labor para asegurarnos un suelo fértil en el que los arbolinos puedan crecer rápidamente. Eso no es difícil, ya que el abandono del campo en estas últimas décadas está dejando cientos de pequeñas parcelas devoradas poco a poco por la maleza. Para el dueño, la plantación, además de no costarle un céntimo, vuelve a poner en valor el terreno, antes improductivo, ya que las especies que plantamos, cerezos y castaños principalmente, tienen una madera cotizada. Para el FAPAS, estas plantaciones aseguran varios años de fruta para la fauna salvaje antes de que llegue la hora de la tala, si es que llega.
Por otro lado, la vigilancia de los montes con presencia de oso es una parte importante de vuestro trabajo. ¿Cómo se hace el seguimiento de esta especie? Actualmente, ¿cual es la situación en cuanto a venenos y métodos ilegales de caza en los montes asturianos?
Monchu Magadán: Hacemos el seguimiento mediante una serie de recorridos fijos o variables que nos dan mucha información a partir de los indicios que encontramos. Este trabajo se complementa con el uso de cámaras fotográficas automáticas colocadas en lugares estratégicos y que retratan el uso del territorio por parte de todo tipo de fauna.
El análisis de toda esta información nos permite tomar decisiones rápidas sobre muchas cuestiones relacionadas con la conservación del oso o de otras especies que, al fin y al cabo, es la tarea principal del FAPAS.
Por desgracia, la situación en cuanto a venenos y lazos sigue siendo preocupante y, aunque suelen ir destinados a otras especies como lobos y jabalíes, el oso también es víctima de ellos, como se comprobó el año pasado en Castilla y León.
La recuperación de una población osera estable en el Valle del Trubia, zona interior de Asturias, hace más viable, o al menos, abre una puerta, a una posible conexión de las poblaciones orientales y occidentales. ¿Cómo ves de real esta posibilidad y cuáles crees que son las mayores dificultades? [**]
Monchu Magadán: El asentamiento de una población de oso pardo depende de la abundancia de hembras reproductoras, que son las que fijan ejemplares a su alrededor. Por eso es un éxito que en los Valles del Trubia, en el extremo más oriental del núcleo occidental, contemos con al menos tres hembras. Es ahora cuestión de tiempo que los osos sigan extendiéndose hacia el este ya que, a pesar de la existencia de varias infraestructuras barrera (autopista, ferrocarril….), la calidad del hábitat en Lena, Aller o Caso es enorme.
El principal inconveniente para la comunicación entre los dos núcleos estriba en que, de la misma manera que el occidental crece, el oriental ha perdido la reproducción en las montañas de Riaño, por lo que las poblaciones siguen estando igual de separadas que hace años. Una solución a este problema podría ser la translocación de hembras en esa zona intermedia. Desde este punto de vista, fue una pena que no se hubiese aprovechado a Villarina [1] para este fin.
Fuera de Asturias, cuál es la situación del oso pardo, especialmente en el lado leonés de la Cordillera Cantábrica.
¿Cuáles son y a qué se deben las diferencias en gestión y vigilancia de la especie en cada zona?
Monchu Magadán: Precisamente en estos días concluyó el primer Plan de Recuperación del Oso Pardo en Castilla y León y, a pesar de lo que dicen los políticos de turno, la situación dista mucho de ser perfecta. Es verdad que el núcleo occidental aumentó su población pero no podemos olvidar que ésta es compartida con Asturias. En el núcleo oriental, tras 18 años de aplicación del Plan, se mantiene la misma población que había, con el problema añadido de los “extraños” casos de osos muertos a tiros o envenenados.
Quizás la mayor diferencia respecto a la gestión de la especie en Asturias es que, mientras que aquí siempre se procuró minimizar los aspectos negativos de la especie mediante el pronto pago de daños, la colaboración con sociedades de cazadores, ONG´s…, en la comunidad vecina se descuidaron estos detalles.
¿Qué opinas sobre la situación del oso en Pirineos?, ¿cual es el verdadero problema allí?
Monchu Magadán: Si te refieres al incidente de Hvala en Arán, no deja de ser la manipulación de un hecho fortuito por parte de uno de los sectores más hostiles con el oso: los cazadores.
En el Pirineo, al menos en el central, concurren varios factores problemáticos. Primero, se esperó a que se extinguiera la población autóctona antes de actuar, es decir, se llevó a cabo una reintroducción en vez de un reforzamiento. En ese período intermedio ganaderos y cazadores se “acomodaron” a una situación sin osos y, por tanto, sin trabas para sus intereses. Segundo, la reintroducción se llevó a cabo en solitario por el estado francés, sin el consenso necesario con las regiones vecinas afectadas. Tercero, el potente sector turístico de la zona no parece necesitar del oso (de momento) para atraer nuevos visitantes, tal y como ocurre en Asturias. Supongo que hay muchas más razones que se me escapan, pero con un poco de interés que ponga cada parte seguro que el problema se irá solucionando hasta conseguir que el oso repueble aquellos montes sin más contratiempos. 
Desde tu punto de vista, ¿Es extrapolable la situación del oso pardo y su gestión, con la del resto de carnívoros ibéricos? ¿Cómo ves la conservación de los carnívoros en la Península Ibérica? ¿Citarías algún modelo de gestión que consideres que está dando buenos resultados?
Monchu Magadán: Creo que el éxito del oso en Asturias se debe a que, además de los estudios científicos sobre la especie, de gran importancia sin duda, hubo un grupo de personas dedicadas a traducir esa parte teórica en trabajos prácticos de conservación. El estudio determina cuáles son los problemas e incluso cuáles son las soluciones. Pero luego hay que dar el siguiente paso: poner en marcha esas soluciones. Y desde luego que esa forma de trabajar se podría extrapolar a otras especies.
Pero de ahí a gestionar una especie hay todavía un grandísimo trecho. Date cuenta que aún se nos critica por pretender que las carroñas de ganado se queden en el monte a disposición de la fauna (no vaya a ser que “humanicemos” a los bichos). Como para ponerse a hablar de translocaciones, etc.
Así que no, no conozco ninguna gestión positiva porque pienso que no se gestiona ninguna especie.
Desde el Fapas, ¿se realiza algún trabajo de Educación ambiental o voluntariado sobre el oso y su conservación?
Monchu Magadán: Desde que empezó el Proyecto Oso Pardo, hace ya 24 años, el FAPAS siempre desarrolló actividades de Educación Ambiental basadas en la especie. A día de hoy hay varias exposiciones itinerantes y unos campamentos de verano que tienen al oso y su entorno como elemento central. Y desde luego que hablamos del oso y sus circunstancias a todos los que se benefician directamente de nuestro trabajo: propietarios de fincas, apicultores, ganaderos, cazadores…
Respecto al voluntariado, hicimos varios intentos en estos años pero decidimos al final descartar la idea.
Para terminar, ¿cómo crees que la fotografía puede ayudar a la conservación, conocimiento y divulgación de la naturaleza?
Monchu Magadán: Un buen ejemplo es el uso que nosotros le damos, mediante las cámaras automáticas, para “espiar” a la fauna en su entorno sin ocasionarle molestia alguna.
A mi modo de ver, la fotografía es una de las mejoras maneras de adentrar a los niños en el mundo fascinante de la naturaleza: la comprensión del entorno, la paciencia, la discreción, el silencio, la búsqueda del detalle…
[1] Villarina es una osezna herida que encontraron unos turistas a finales de junio de 2008 en Somiedo. Se recuperó de sus heridas para reintroducirla con éxito en el medio natural: Somiedo. Desde entonces se le realiza un seguimiento continuo por multitud de personal y por la información recibida de los radiotransmisores que se adosaron a su espalda.
Más información:
www.fapas.es
[**]Esta entrevista se hizo hace algunos meses y no se tenía, todavía, conocimiento de las últimas noticias sobre la posible dispersión y reproducción de un macho occidental con una hembra oriental, todo a la espera de los análisis genéticos.
Noticias: Las dos poblaciones rompen su aislamiento
